El masaje es una de las técnicas más antiguas practicadas por el ser humano para aumentar el bienestar y reducir el dolor. Son númerosos los beneficios que aporta el masaje a nuestra salud, tanto en el plano físico como en el emocional ya que no debemos olvidar la estrecha relación que existe entre la piel y las conexiones nerviosas del cerebro, y por lo tanto entre el tacto y nuestro sistema nervioso.

 

Los bebés y los niños también pueden beneficiarse de los efectos de los masajes practicados con regularidad, siendo especialmente importante para ellos, ya que están en una etapa de maduración y crecimiento en la que su cuerpo y su mente almacenan mucha información y sientan la bases para la vida adulta.

 

Están ampliamente estudiados los efectos que proporcionan los masajes en los bebés prematuros, ayudándoles en su desarrollo motriz y fisiológico, además de favorecer la seguridad y el vínculo con sus padres. Pero no sólo los bebés prematuros pueden disfrutar de los fantásticos beneficios que proporcionan los masajes, cualquier bebé es susceptible de recibir un masaje, siempre adaptádolo a sus características y circunstancias.

 

Estos son algunos de los múltiples beneficios que aporta el masaje a los bebés:

 

  • Ayuda y mejora el crecimiento y desarrollo.
  • Estimula el sistema motriz y muscular, desarrollando la coordinación y el equilibrio, aumentando la elasticidad de los tejidos y la circulación sanguínea.
  • Desarrolla su sistema inmunitario.
  • Fortalece la autoestima y el afecto.
  • Aumenta su seguridad, el bebé se siente protegido y cuidado, reforzando el vínculo con sus padres mediante la comunicación afectiva y el amor recíproco.
  • Favorece la comunicación con el entorno y evita bloqueos a la hora de enfrentarse con nuevas experiencias.
  • Impulsa sus capacidades cognitivas.
  • Facilita el sueño.
  • Ayuda a la relajación.
  • Mejora las digestiones.
  • Previene y reduce los cólicos del lactante.

Para disfrutar del masaje es necesario preparar la estancia y elegir el momento adecuado para que sea agradable.

 

Debemos elegir una habitación tranquila, donde el ambiente permita relajarse. Si queremos podemos poner una música suave de fondo. Es muy importante que la temperatura de la habitación sea cálida, ya que tendremos al bebé sin ropa, y que nuestras manos no estén frías.

 

En cuanto al momento del día, hay que elegir uno en que el bebé esté tranquilo, puede ser después del baño, aunque no tiene que ser obligatoriamente así, puesto que hay peques a los que les gusta tanto el baño que les activa. Si ese es el caso, es mejor elegir otro momento en el que se encuentre más relajado y receptivo.

 

La persona que va a dar el masaje también debe estar relajada, y concederse el tiempo necesario para realizarlo y gozar de la experiencia.

 

Por norma general no debemos dar el masaje después de comer. El masaje activa la circulación sanguínea y en este momento el cuerpo necesita concentrar la sangre en el estómago para hacer la digestión. Tampoco se debe dar un masaje si el bebé tiene fiebre o una erupción cutánea generalizada.

 

Si quieres aprender cómo beneficiarte de esta potente herramienta consulta nuestros cursos de masaje de bebés

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